Blessed Marie of the Incarnation (Barbe Acarie), O.C.D.
También conocido como Mother Marie de l'Incarnation Lefranc-Pelletier
Vida
Barbe Avrillot nació en París el 1 de febrero de 1566, en una prominente familia burguesa. A los dieciséis años se casó con Pierre Acarie, consejero de la Cámara de Cuentas, con quien tuvo seis hijos. A pesar de un hogar lujoso, la joven Madame Acarie se dedicó a la oración, a las obras de misericordia y a la dirección espiritual de un círculo extraordinario que se reunía en el Hôtel Acarie: Pierre de Bérulle, san Vicente de Paúl, san Francisco de Sales, santa Luisa de Marillac y muchas de las figuras más relevantes de la Reforma Católica francesa pasaron por su salón. Durante las hambrunas que siguieron a las guerras de religión alimentó a los pobres de París a gran escala.
En 1601, al leer las obras de santa Teresa de Ávila en traducción francesa, tuvo una visión de la reformadora española y concibió el proyecto que cambiaría la vida religiosa de Francia: la introducción del Carmelo Descalzo en territorio francés. Junto con Bérulle, Brétigny y otros, obtuvo las autorizaciones necesarias de Roma, y en 1604 las primeras carmelitas españolas —entre ellas Ana de Jesús— llegaron a París. A su muerte el nuevo Carmelo contaba con diecisiete casas en Francia.
Cuando Pierre Acarie murió en 1613, Barbe ingresó por fin en el convento que había fundado, tomando el hábito en el Carmelo de Amiens no como religiosa de coro sino como humilde hermana lega, con el nombre de María de la Encarnación. Hizo su profesión en 1615 y fue trasladada a Pontoise por razones de salud, donde murió el 18 de abril de 1618. El Papa Pío VI firmó el decreto de su beatificación el 24 de abril de 1791 (Domingo de Resurrección) y la beatificación se celebró solemnemente en San Pedro de Roma el 5 de junio de 1791.
Patronazgo
- vocaciones carmelitas
- viudas
- contemplativos laicos
- madres de familia numerosa
- Francia
Oración sugerida
Oh santísima y admirable Trinidad, que te dignaste conceder a tu sierva, la Beata María de la Encarnación, una ardiente vida interior unida a una intensa actividad enteramente entregada a tu gloria, enséñanos a hacer tu voluntad, a extender el reinado de Cristo a nuestro alrededor, y concédenos, por su intercesión, la gracia de su canonización y los favores que ahora confiadamente te pedimos. Amén.
Fuentes
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